No han sido precisamente sus pretensiones respecto a su propia vida y lo que de ella esperaba, las que le llevaron a esa situación tán triste, sino más bien errores en algunas de sus elecciones y decisiones, quizás pervertidas también por el pago pendiente de algún karma o deuda de vidas anteriores, y en cierta medida, las circunstancias actuales de la sociedad en que vivía y, por supuesto, algo de mala suerte en algunos aspectos de su vida.
El caso es que este hombre del que voy a hablar, llegó a acumular año tras año, sin que ese fuera su deseo original, tales decepciones y dolores profundos que, de una vida en la que aparentemente todo parecería bonanza y felicidad a los ojos del extraño, en realidad mucho era tormento, sufrimiento y dolor.
Él siempre había sido alguien sensible, humano, compasivo y bastante diligente y generoso con las demás personas y muy especialmente con sus seres queridos, sin embargo, núnca tuvo realmente suerte con sus parejas y todas y cada una de ellas fueron con él, al final del camino recorrido, crueles y debastadoras hasta donde la ley humana permite sin castigo.
Yo, que le conozco bién, puedo asegurar sin lugar a dudas que no se trata de alguien minusválido en sentido alguno, ni tampoco de alguien débil en su aspecto físico, intelectual ni sentimental, sino de un ejemplar humano de varón, alto, inteligente y fuerte en todas sus facetas.
Sus principios, aunque se encontraban entre los menos valorados en estos tiempos, honestidad, lealtad, pasión y generosidad, poseían paradójicamente de tal grado de solidéz, que pocas mujeres podían creerse lo que tenían delante. hasta el punto de que algunas de las que él más quiso, pusieron en duda su persona entera justamnte por encontrarse frente a una talla de hombre, que hasta las más sus evidentes y visibles virtudes eran envidiadas por esas mujeres.
Ellas pusieron en tela de juicio su autenticidad e integridad y cuando la contundente realidad de los actos y los hechos no permitían ya más cuestionamientos ni dudas, esos mismos hechos fueron manipulados y utilizados en su contra hasta que la buena fe de la que él se valía para el desarrollo de su constancia y empeño, quedaban ya sin justificante real alguno y el único camino posible para él era una decepción más, una ruptura más y el dolor, como única alternativa a consentir su propia destrucción.
Esta es una de las razones que me permite afirmar también, tal como quedará reflajado más adelante, que esta es la historia de un superviviente, aunque como la historia aún está por terminar, habrá que esperar para ver el sentido de esa supervivencia.
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